La imagen de una vecina que transitaba junto a su guacamayo en la zona de 25 de Mayo y Rawson dejó de ser un misterio urbano para convertirse en un expediente cerrado en cuanto a su legalidad, luego de que se confirmara que el ave cuenta con toda la documentación respaldatoria emitida por los organismos provinciales competentes.
El episodio, que en un principio había generado revuelo y debate en la comunidad al viralizarse la postal de la mujer bajando de su vehículo con el ejemplar sujeto a un arnés de seguridad, encontró su claridad institucional a través de la intervención del Ministerio de Desarrollo Agrario de la Provincia de Buenos Aires. A través de la Dirección de Flora y Fauna, las autoridades constataron que el guacamayo, bautizado como Atahualpa, fue adquirido formalmente al aviario de La Plata, desarticulando así cualquier sospecha de tenencia ilegal o contrabando de fauna silvestre y ratificando que la propietaria posee la trazabilidad y los permisos correspondientes.
Sin embargo, la regularidad de los papeles no logró disipar por completo las distintas miradas que conviven en la sociedad local sobre el tema. Mientras un sector de los vecinos celebra el vínculo afectivo y destaca el cuidado responsable que se le brinda al animal desde que era un pichón, proteccionistas y defensores de los derechos de los animales insisten en poner el foco en la convivencia urbana de estas especies. Desde esta postura se cuestiona si es propicio someter a un ave exótica al entorno asfáltico y al ritmo de la ciudad, argumentando que, aun contando con la habilitación legal, la fauna silvestre debería desarrollarse en su hábitat natural y no bajo la dinámica de una mascota doméstica.
Más allá de las controversias lógicas que despierta el caso, allegados a la familia quisieron llevar absoluta tranquilidad a la comunidad respecto al bienestar del animal. Aseguraron que Atahualpa se encuentra en óptimas condiciones de salud, perfectamente adaptado a su entorno cotidiano y rodeado del afecto incondicional de quienes lo cuidan como a un miembro más del hogar desde hace años.