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HOY 18:27 GENERACIÓN Z
FARMEAR AURA
(CON Z DE ZONZO)
  • FARMEAR AURA

Algunos jóvenes de hoy están transformando el ridículo en una competencia. Y lo más preocupante es que la psicología explica con total claridad por qué miles de jóvenes están dispuestos a hacer exactamente lo mismo. A los que somos padres y todavía estamos criando, esto nos exige prestar atención.

Probablemente ya escuchaste estas dos palabras en casa: farmear aura. Arrancó como una broma en internet. Si hacías algo admirable, sumabas puntos de aura; si no gustaba, te restaban. Hasta ahí, un meme inofensivo. Pero las redes tienen la capacidad de repetir una idea hasta convertirla en un patrón de conducta.

Así nacieron las llamadas batallas de aura. Dos personas se paran frente a frente, hacen gestos, bailan o adoptan poses insólitas, y una audiencia virtual o presencial decide quién tiene más presencia. Llegamos al punto de convertir la vergüenza ajena en un certamen.

Sin embargo, la risa se apaga rápido cuando tratamos de entender el fondo de la cuestión. Lo grave no es la escena en sí, sino ver cómo algo que hasta hace poco les hubiera dado pudor, hoy lo asumen con total normalidad.

Hace más de setenta años, el psicólogo Solomon Asch diseñó uno de los experimentos de conformidad social más famosos. Era simple: le mostraban a una persona varias líneas dibujadas y tenía que indicar cuál era igual a una de referencia. La respuesta era tan evidente que casi no había margen de error. La trampa consistía en que el resto de los presentes eran actores y empezaban a elegir, a propósito, la opción incorrecta. Lo inquietante fue que muchos participantes terminaron respondiendo lo mismo que la mayoría, ignorando lo que sus propios ojos les decían.

Pensá en lo que esto significa hoy. Asch necesitó un par de personas en una habitación para generar presión social. Las plataformas actuales meten a millones adentro del celular. Y a eso le suman un recurso todavía más efectivo: la repetición constante.

La primera vez que ves algo absurdo, lo descartás. La segunda, te genera curiosidad. Después se vuelve familiar, más tarde normal, y finalmente lo terminás imitando. Por eso, el problema real no son las batallas de aura; el mes que viene habrá otra tendencia nueva. El verdadero problema es la velocidad con la que internet logra que una conducta ilógica se vuelva la norma para toda una generación.

Cuando nosotros éramos adolescentes, la presión por encajar venía de nuestros amigos, del club o de la escuela. Hoy, los chicos llevan ese tribunal social en el bolsillo. Son millones de voces dictando qué está de moda, qué comprar, qué admirar y hasta qué comportamiento te da o te quita estatus. Y detrás de todo eso, un algoritmo decide qué mostrarles una y otra vez.

La próxima vez que veas a tu hijo sumándose a un desafío que te parezca un sinsentido, no te preguntes solamente de dónde sacó esa idea. Preguntate cuántas veces tuvo que verla en su pantalla para que dejara de parecerle una tontería. Todas las generaciones hicieron cosas absurdas, es cierto. La diferencia es que ninguna anterior tuvo una tecnología capaz de poner la misma conducta frente a millones de mentes en simultáneo.