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HOY 2:13 PASIÓN ARGENTINA
EL QUE NO SALTA ES UN INGLÉS
Desde el tablón y un poco más.
  • EL QUE NO SALTA ES UN INGLÉS

    No es un enfrentamiento cualquiera.

El fixture marca que el próximo miércoles la Selección Argentina vuelve a verse las caras con Inglaterra en un escenario mundialista, encendiendo una chispa que va muchísimo más allá de una simple rivalidad deportiva.

Para los argentinos, este cruce evoca un archivo repleto de momentos sensibles en la memoria colectiva. La historia registra la caída por tres a uno en el Mundial de Chile en 1962, y aquel legendario e irreverente episodio de 1966 en suelo británico, donde Antonio Rattin, tras ser expulsado, desafió la solemnidad local sentándose en la alfombra roja de la reina.

Sin embargo, el punto de inflexión definitivo ocurrió fuera de las canchas en 1982, cuando el conflicto de Malvinas transformó el verde césped en islas, un terreno con una carga dramática ineludible, consolidando un sentimiento de profunda distancia que desde entonces se manifiesta genuinamente en las tribunas.

La verdadera revancha futbolística llegó en los cuartos de final de México 1986, bajo el calor del Estadio Azteca. Aquel domingo 22 de junio, Diego Armando Maradona rubricó una obra de arte inolvidable: primero con la picardía inmortal de la mano de Dios y, apenas minutos después, desparramando rivales para firmar el mejor gol de la historia de los mundiales. Al recordar ese instante, resulta imposible no escuchar el relato eterno de Víctor Hugo Morales, sentir la piel de gallina y recordar con precisión exacta a quién nos abrazamos con lágrimas en los ojos.

Los capítulos posteriores sumaron drama, como la clasificación por penales en Francia 1998 tras igualar dos a dos, o la posterior caída en fase de grupo de Corea-Japón 2002 por la mínima diferencia mediante el tiro desde los doce pasos ejecutado por David Beckham.

Para la gran mayoría de los argentinos futboleros, Inglaterra no es un rival común; representa un lazo directo con el respeto eterno a los soldados que defendieron la patria. Explicarle a los chicos de hoy la magnitud de lo que se sintió en aquellos años de transmisiones distintas y realidades lejanas es un desafío complejo, pero la herencia se mantiene intacta. Cada vez que las voces se unen en el estadio o en las calles cantando por los pibes de Malvinas, el legado se renueva de forma automática.

Por eso, el próximo miércoles, las nuevas generaciones se sentarán frente a la pantalla y experimentarán exactamente el mismo nudo en la garganta hasta gritar el primer gol, demostrando que la memoria y la pasión nacional se transmiten intactas de padres a hijos, porque el que no salta… es un inglés.