HOY 15:45
PARE DE SUFRIR!
Campana se tiñó de celeste y blanco tras una batalla agónica que desató la locura
La marea humana copó la plaza Eduardo Costa para celebrar la clasificación a cuartos de final, en una tarde perfecta donde el sol brilló tanto como la ilusión de un pueblo que supo sufrir y gozar.
Seguimos en carrera. El campeón sacó chapa y pasaje a cuartos. El pueblo campanense, feliz.
La Rocca vestida de celeste y blanco.
Previous
Next
-
Campana se tiñó de celeste y blanco tras una batalla agónica que desató la locura
Seguimos en carrera. El campeón sacó chapa y pasaje a cuartos. El pueblo campanense, feliz.
-
Campana se tiñó de celeste y blanco tras una batalla agónica que desató la locura
Pepa Pig, desbocada.
-
Campana se tiñó de celeste y blanco tras una batalla agónica que desató la locura
Festejo multitudinario.
-
Campana se tiñó de celeste y blanco tras una batalla agónica que desató la locura
La Rocca vestida de celeste y blanco.
-
Campana se tiñó de celeste y blanco tras una batalla agónica que desató la locura
Imágenes del festejo.
-
Campana se tiñó de celeste y blanco tras una batalla agónica que desató la locura
Imágenes del festejo.
-
Campana se tiñó de celeste y blanco tras una batalla agónica que desató la locura
Imágenes del festejo.
-
Campana se tiñó de celeste y blanco tras una batalla agónica que desató la locura
Imágenes del festejo.
-
Campana se tiñó de celeste y blanco tras una batalla agónica que desató la locura
Imágenes del festejo.
-
Campana se tiñó de celeste y blanco tras una batalla agónica que desató la locura
Imágenes del festejo.
El silbatazo final desató una locura contenida que rápidamente transformó el silencio tenso e insoportable de las últimas jugadas en un grito sagrado de desahogo. Se sufrió hasta el último suspiro, en un partido que pareció eterno y que tuvo a todos con el corazón en la boca, pero la agonía le dio al triunfo un sabor mucho más épico. Como una procesión espontánea impulsada por el orgullo, miles de campanenses dejaron sus casas apenas terminó el encuentro para confluir en el corazón de la ciudad. La plaza Eduardo Costa se convirtió una vez más en el epicentro de una fiesta popular que, con cada escalón que avanza la Selección, se vuelve más masiva, ruidosa y emocionante.
A diferencia del sufrimiento entre cuatro paredes, la calle ofreció el abrazo necesario para descargar tanta adrenalina acumulada durante los noventa minutos. El clima se asoció por completo al sentimiento popular regalando una tarde de sol radiante que iluminó las caras de alivio y felicidad de la gente. El marco fue verdaderamente imponente, con los rayos solares encendiendo el brillo de las banderas gigantes que flameaban al viento y las lágrimas de emoción de los más grandes. "Se sufrió demasiado, pensé que no lo aguantábamos, pero estos muchachos tienen una mística única; mirá lo que es esto, cada vez somos más", comentaba un vecino con la voz gastada de tanto gritar el gol, mientras intentaba recuperar el aire entre la multitud.
La fisonomía habitual del centro de la ciudad quedó completamente desdibujada por el carnaval improvisado que se extendió hasta el anochecer. Los bocinazos interminables sobre la avenida Rocca marcaban el ritmo de los cánticos, mientras el aroma a espuma y el sonido de las cornetas llenaban el aire. Las familias enteras, los jóvenes subidos a los monumentos y los amigos de toda la vida se fundieron en abrazos eternos, unidos por esa fe inquebrantable que nació de la mismísima angustia del partido. Campana demostró otra vez que sabe cómo alentar y que el sueño mundialista se vive con el corazón en la mano, dejando en claro que el desahogo fue tan grande como la ilusión que ya camina firme hacia los cuartos de final.