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20:14 POR LEONARDO MIDÓN
La peligrosa concepción de que la política no cabe en todos lados
Hace unos días me pasaron un extracto de una nota en donde un actor político local del oficialismo realizaba una especie de "oda" en donde explicaba (más con ganas que con argumentos) que no hay lugar para la política en determinados lugares de la sociedad. Una especie de reduccionismo de la política a ciertos ámbitos institucionalizados. Mínimo. Ascético.
  • La peligrosa concepción de que la política no cabe en todos lados

Paradójicamente, quienes impulsan e intentan imponer como verdad absoluta esta cuestión de estatus, son los mismos que se reservan para sí todas las participaciones mayoritarias en, vaya paradoja, la vida política: copan desde sociedades de fomento hasta medios de comunicación, desde clubes de barrio hasta consorcios, desde sociedades proteccionistas a centros de jubilados, desde comedores a cooperativas.

Cuando no se hace política, entendida ésta como la gestión colectiva, el debate de ideas y la construcción de consensos para el bien común, el vacío resultante nunca permanece vacío sino que es ocupado por otras fuerzas que moldean la sociedad. La moldean de acuerdo a sus intereses que jamás suelen parecerse a los intereses colectivos. Esa es la diferencia entre política y lobby, entre gestión y negocios, entre unos y otros.

No hay nada más sano que esa máxima que dice que la política le tiene terror al vacío. No hay nada más peligroso que un político convenciéndote que hay lugares donde la política no debe entrar, y que vos tampoco entres en la política. Es una especie de metáfora de la vida en donde los que viven cortando el bacalao, te dejan el joystick desenchufado. Porque las decisiones se toman en otro lado, en donde vos no estas invitado jamás

El tema de “La Gestión”

La gestión dejó de ser una herramienta para convertirse apenas en un slogan. Se vació de contenido y se transformó en una marca, repetida incluso cuando la realidad empezó a desmentirla.

Hoy invocar la “gestión” dice poco sobre lo que efectivamente sucede. Funciona como una coartada: una forma de evitar la discusión de fondo mientras se administra la inercia. Ya no describe capacidad, ni dirección, ni resultados consistentes. Nombra, más bien, una forma de administrar la inercia, de sostener lo existente sin hacerse cargo de los problemas nuevos. Lo que alguna vez fue un instrumento que pretendía esbozar un camino de modernización terminó convertido en un dispositivo para no discutir. Y para no discutir nada se necesita cada vez mas lejos a la gente de la política o, en su camino inverso, a la política lejos de estar formando parte de distintos dispositivos en donde sí pueda impulsarse debates, discusiones y cambios trascendentales

Porque (en caso de que esto hipotéticamente existiera) donde no hay política no hay discusión política, y donde no se discute política no hay posibilidad real de empoderamiento ni de llevar adelante la mas mínima iniciativa. Es sólo esperar que alguno de los pregoneros de la antipolítica en un gesto cuasi paternalista (y siendo sinceros, perversamente oportunista) levante alguno de los ejes o reivindicaciones puntuales con un formato de “use y tire” para asumir como propio aquello que no le pertenece.

Sin apropiación colectiva, como mero ejercicio de fagocitarse iniciativas.

Aquellos que apuestan al vacío, lo hacen en definitiva como mecanismo defensivo. Donde hay un “ustedes” y un “nosotros”. En donde todo lo que no sea la “gestión” es algo que inevitablemente violentará la inercia a la que se somete la rutina cotidiana de una ciudad que cada vez tiene menos identidad, cada vez menos proyección de horizonte y donde estamos infinitamente cada vez mas lejos del sentido de comunidad, no como lugar donde habitamos juntos sino mas bien como trayectoria en donde absolutamente todos tenemos un pasado que hemos construido a pesar de las abismales diferencias en común y, por sobre todas las cosas, un destino también común que nos ata ineludiblemente como corolario de la historia.

La gestión como método defensivo, como un dispositivo paralizante que de inmediato extingue la posibilidad de discusión real sobre temas concretos que preocupan a distintos sectores sociales de nuestra ciudad.

Ya lo dijimos y se ve en cada instancia de “la gestión” municipal en todos sus ámbitos y departamentos: el dispositivo siempre es evitar la discusión de fondo, para desplazar el debate estratégico hacia una zona más cómoda, donde todo se mide en términos operativos y nada se discute en términos de poder. Ya no importa el planteo, la necesidad, las voluntades, los padecimientos. Es la gestión, y enfrente un universo hostil que viene a cuestionarnos.

Podemos citar cientos de ejemplos de ataques y silencios. Constantes citas y cuestionamientos y miramientos y pedidos y descréditos a la Provincia. Silencio a cualquier cosa que pretenda alzar una mirada sobre el gobierno nacional y una tropa entrenada en inmolarse cuando se les indique para cuidarle el cuero al intendente.

Porque hay urgencias y urgencias. Porque es llamativo y cómplice el silencio sobre los problemas de las personas con discapacidad, los que se quedaron sin los medicamentos del Plan Remediar, los que se quedan con un pie afuera de cualquier terapia con la situación del Incluir Salud, o nuestros viejos en un PAMI en el que (según declaraciones de iluminados Ministeriales) sobran muchos de más de 80 años dado que están empecinados rebeldemente en seguir viviendo (vaya osadía!) Ni hablemos de nuestros locos y padecientes de cuestiones vinculadas a la salud mental en donde todo apunta a volver al encierro obligatorio en el manicomio en contra de las voluntades, pero que a aquellos que desean, necesitan y solicitan una internación para sosegar sus padecimientos no hay dispositivo disponible. Silencio absoluto para poder abordar temas tan complejos y estructurales como la punibilidad de los pibes o la educación en una sociedad en donde la red contenedora de la escuela esta cada vez mas permeable a que se nos caigan los chicos de nuestro sistema para que a partir de ahí empiecen las instituciones represivas su trabajo. Vaciando escuelas, llenando cárceles. Y todo esto con un silencio que ensordece y duele. Con los destinos individuales en manos de vaya uno a saber quien.

Pero es necesario desentrañar que los espacios de definiciones colectivas (sea país, provincia o municipio) no se gobiernan solo con gestión. Se gobiernan con dirección, con lectura del contexto y con capacidad de anticipar transformaciones. Se ordenan y se definen claramente con política, porque es la política la que ordena la gestión

Y ahí, justo ahí, es donde descubrís por qué motivos los mismos empachados de siempre nos quieren convencer de que no hay lugar para la política, porque ese lugar es reservado para ellos.

Y si, para nosotros, lo único que nos reservan es el joystick desenchufado.