Habían pasado seis meses desde su última carta, donde él prometía que volvería a buscarla.
Sus ojos, a través de los cristales, miraban … como quien mira una espera.
Por las noches Elena, en medio del silencio gélido, oraba por ese glorioso día en que el aire tendría un fuerte sabor a victoria. Luego, el brillo estridente de la luz del sol la despertaba y comenzaba a girar la rueca de la rutina.
El atardecer ardía, como sus ansías.
El fuego la recorrió hasta invadir sus pensamientos y entonces corrió a ponerse el vestido rojo pasión, estreno para el regreso.
Alguien llamó a su puerta, él había vuelto.
El abrazo brilló en la oscuridad, su voz le recorrió el cuerpo y dibujaba suspiros en el aire.
Ya en el lecho, Elena gimió hasta perderse en un susurro aterciopelado, mientras la noche olía a muerte.