El tiempo en Campana | Ver pronóstico Ver pronóstico
El tiempo
- Edición Nro. 6434 // Visitas últimas 24 hs: 2194
HOY 0:01 La Palabra del Domingo
El secreto
Por Rufino Giménez Fines – Sacerdote Rogacionista
  • El secreto

    Rufino Giménez Fines

 
En este XXX domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A, corresponde la lectura del Evangelio de San Mateo, Capítulo 22, versículos del 34 al 40: “Cuando los fariseos oyeron que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en torno a él 35 y uno de ellos, doctor en la ley, le preguntó con intención de tenderle una trampa: 36 — Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley? 37 Jesús le contestó: — Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu inteligencia. 38 Este es el primer mandamiento y el más importante. 39 Pero hay un segundo mandamiento que es parecido a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 En estos dos mandamientos se resume toda la ley de Moisés y la enseñanza de los profetas”.
Durante estos últimos domingos venimos repasando cómo Jesús confronta e interpela a los líderes religiosos (y políticos) de su tiempo, representados en los fariseos, los saduceos, los doctores de la Ley y los integrantes del Consejo del Sanedrín.
Mientras predicaba, unos y otros intentaban formularle preguntas capciosas en público, con la intención de descalificarlo, acusarlo de blasfemo y desautorizarlo ante el pueblo que lo seguía. Hoy sabemos que ese conflicto llegó a tal magnitud que terminó con la condena a muerte de Jesús en la cruz.
Los fariseos, que se atribuían una observancia rigurosa de la Ley y gustaban de ser considerados irreprochables, se mostraban como los amigos de Dios, pero desde una posición de superioridad frente a un pueblo al que consideraban ignorante, impuro y, por tanto, maldito.
La tradición judía reconoce 613 preceptos en la Ley. Pero lo que viene a decirnos Jesús es que nuestra tarea fundamental es amar y que, en definitiva, el mérito no está en saber más, sino en practicar lo mejor posible lo que Dios nos pide.
En este sentido, podemos recordar al profeta Jeremías, que anuncia una alianza en la que Dios escribe su Ley en el corazón de su pueblo. Y es que, cuando no actuamos con amor y desde el amor, terminamos desvirtuando la vida. No la honramos.
El Padre Benito decía: «Si no vamos a lo esencial, en vez de unir, separamos». Y lo esencial es amar de verdad. «Ama y haz lo que quieras», sentenció san Agustín. Es difícil resumirlo, pero estas pistas nos quieren decir que el amor verdadero es el secreto para ser feliz, andar en gracia y vivir iluminados.
El amor es creador. Dios primero nos amó, y su amor se hizo sol, estrellas, lluvia, flores… «El amor de Dios nos primereó», nos dice el papa Francisco. Y ese amor de Dios se manifiesta en la Creación y, por tanto, toda nuestra vida debe ser para amar a Dios y no dejar de difundir esa llave de nuestra existencia trascendente. No nos olvidemos de que somos discípulos y misioneros, y que nuestra Iglesia siempre está en salida: tenemos que misionar tanto en nuestras familias como en la comunidad.
Tenemos que ver siempre las cosas desde el amor. El amor es la clave primordial de toda nuestra relación con Dios y con nuestro prójimo. Y si amamos a los demás, es porque amamos a Dios. Pero el amor al prójimo no es puro espiritualismo: en el prójimo está Dios. El mandamiento del amor es la revelación de nuestro Creador, Dios único, dueño de los tiempos y de la historia.
El amor inspira actitudes de respeto, tolerancia y perdón. Por lo tanto, amar es hacerle un lugar al otro dentro de mí. Todo un desafío en este tiempo en el que tenemos la misión de espiritualizar y contener a la sociedad en la que interactuamos.
A Jesús lo llamaron endemoniado, mentiroso y blasfemo porque dio visibilidad a un pueblo humilde, sencillo y pobre, tantas veces utilizado y olvidado, y dirigió su mensaje hacia él. Y ese mensaje es ayudar, salvar, liberar, curar, dar de comer, acompañar, contener y estar presentes. A veces, solo una mirada, un gesto o una palabra de aliento.
Amar a Dios es ser empático frente al que sufre. La puerta de entrada a Dios es el pueblo, con sus angustias, sus dolores y sus esperanzas. El Evangelio es un desafío para una religión que muchas veces se practica de manera intimista, cerrada, a nivel personal, cuando el amor al prójimo es una actitud solícita y fraterna hacia el otro, que es nuestro hermano, porque todos somos hijos del mismo Padre que está en los cielos.