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HOY 0:10 POLÍTICA NACIONAL
SOBREVIVIR NO ES VIVIR DIGNAMENTE
Por Soledad Alonso – Diputada provincial de Buenos Aires.
  • SOBREVIVIR NO ES VIVIR DIGNAMENTE

Javier Milei volvió a cuestionar a quienes aseguran que no llegan a fin de mes, argumentando que nadie podría sobrevivir diez días sin comer ni beber. Una afirmación que no solo demuestra una profunda desconexión con la realidad, sino también una preocupante insensibilidad frente al sufrimiento de millones de argentinos.

No llegar a fin de mes no significa necesariamente dejar de comer. Significa comer menos, alimentarse peor, endeudarse para comprar comida, postergar tratamientos médicos y resignar necesidades esenciales.

Según el INDEC, durante el primer semestre de 2026 la pobreza alcanzó al 32,3% de la población, aproximadamente 15 millones de argentinos. Entre los menores de 14 años, el 44,5% vive bajo la línea de pobreza. Casi uno de cada dos chicos crece en hogares que no pueden garantizar plenamente sus necesidades básicas.

Detrás de estas cifras hay familias que reemplazan alimentos nutritivos por otros más económicos, reducen el consumo de carnes, lácteos, frutas y verduras, o directamente saltean comidas.

La caída del consumo de carne vacuna, que llegó al 9,4% interanual en julio, es una señal de ese deterioro. Y sus consecuencias van mucho más allá del hambre: una alimentación deficiente puede provocar anemia, pérdida de masa muscular, debilitamiento del sistema inmunológico y problemas en el desarrollo físico y cognitivo de los niños.

La situación de nuestros jubilados es particularmente cruel. Más de cuatro millones de jubilados y pensionados perciben ingresos cercanos a los $505.748 mensuales, mientras que la canasta de necesidades de las personas mayores, calculada por la Defensoría de la Tercera Edad, supera los dos millones de pesos.

La jubilación mínima apenas alcanza para cubrir una cuarta parte de esa canasta. Y según el INDEC, el 14,8% de las personas mayores de 65 años vive bajo la línea de pobreza.

¿Qué hace un jubilado cuando tiene que elegir entre comprar medicamentos, alimentarse adecuadamente o pagar los servicios? ¿Acaso el Presidente necesita verlo desmayado de hambre para reconocer que su jubilación no alcanza?

El endeudamiento también se convirtió en una estrategia de supervivencia. Cada vez más familias utilizan tarjetas de crédito para comprar alimentos, mientras la morosidad de los préstamos familiares alcanzó el 12,9% en julio de 2026, según el Banco Central.

Los argentinos no llegan a fin de mes porque sus ingresos no alcanzan, no porque no sepan administrarlos.

Desde el peronismo tenemos una concepción profundamente distinta de la economía. Para nosotros, el salario no es solamente un costo empresario, la jubilación no es un gasto que debe recortarse y la alimentación no puede ser un privilegio reservado a quienes pueden pagarla.

Durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, la ampliación de derechos previsionales, la recuperación del empleo, las políticas de ingresos y el fortalecimiento del mercado interno respondieron a una convicción: el crecimiento económico solo tiene sentido si mejora la vida de nuestro pueblo.

Hoy Milei pretende convencernos de que el ajuste es inevitable y que los argentinos deben acostumbrarse a vivir con menos. Pero no hay equilibrio económico que pueda considerarse exitoso cuando las familias se endeudan para comer, los jubilados resignan medicamentos y los chicos crecen con privaciones alimentarias.

El hambre no siempre se manifiesta en alguien que deja de comer durante diez días. También está en el chico que va a la escuela sin desayunar, en la madre que saltea una comida para alimentar a sus hijos y en el jubilado que reemplaza proteínas por harinas porque no puede pagarlas.

Gobernar no consiste en exigirles a los argentinos que demuestren cuánto sufrimiento pueden soportar. Consiste en garantizar las condiciones para que puedan vivir dignamente.

Porque sobrevivir no es vivir. Y la justicia social no es una mentira del kirchnerismo: es el derecho de nuestro pueblo a una vida digna.