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HOY 11:02 ¿QUÉ DEBERIAMOS OBSERVAR COMO PADRES?
Cuando la inteligencia artificial se convierte en confidente: los nuevos desafíos de la salud mental adolescente
Por María Laura Ballini | Psicóloga MP 20389
  • Cuando la inteligencia artificial se convierte en confidente: los nuevos desafíos de la salud mental adolescente

Todos sabemos que los adolescentes pasan muchas horas frente a las pantallas. Pero hoy el desafío va un poco más allá del tiempo de conexión.

La pregunta es: ¿qué sucede cuando un adolescente empieza a recurrir a una inteligencia artificial para contarle aquello que antes compartía con una persona?

Sus preocupaciones, sus inseguridades, sus conflictos, sus miedos.

La IA está disponible las 24 horas, responde inmediatamente y no juzga. Por eso puede convertirse, para algunos jóvenes, en un espacio aparentemente seguro donde expresar lo que sienten.

El problema aparece cuando ese espacio comienza a reemplazar el encuentro con otros.

La Organización Mundial de la Salud estima que uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años presenta algún problema de salud mental, y la ansiedad es uno de los más frecuentes.

Hoy las demandas se presentan en torno a desafíos como la menor tolerancia a la frustración, la necesidad constante de estímulos, el vacío existencial, la comparación permanente en redes sociales y las dificultades para gestionar el malestar, el estrés y la frustración.

A esto se suman, en algunos casos, la necesidad de aprobación, el ciberacoso, la irritabilidad, los trastornos de la alimentación, la exposición temprana a la pornografía y conductas adictivas como los consumos o las apuestas online.*

Vivimos en una cultura de gratificación inmediata, donde todo parece estar disponible rápidamente. Y cuando aparece el malestar, muchas veces buscamos eliminarlo cuanto antes.

Pero aprender a tolerar la frustración, el aburrimiento, la espera y la incertidumbre también es parte del desarrollo emocional.

Cuando la IA ocupa el lugar de un vínculo

Que un adolescente utilice inteligencia artificial no es, por sí mismo, una señal de alarma. La tecnología puede ser una herramienta valiosa.

La preocupación aparece cuando la IA comienza a ocupar el lugar de un confidente.

Cuando el adolescente prefiere contarle a una máquina lo que siente antes que hablar con alguien.

Cuando busca allí respuestas sobre su valor personal, sus vínculos o sus decisiones.

Cuando necesita constantemente aprobación o validación.

O cuando comienza a reemplazar conversaciones, amistades y vínculos por interacciones digitales.

El riesgo es que una herramienta diseñada para responder no necesariamente pueda comprender la complejidad emocional de quien consulta, detectar siempre la gravedad de una situación o favorecer el encuentro con la ayuda que realmente necesita.
La IA puede ofrecer respuestas. Pero no puede reemplazar la experiencia de ser escuchado, comprendido y acompañado por otro ser humano.

¿Qué deberíamos observar como padres?

Frente a este nuevo hábito, quizás no se trate solamente de controlar cuánto tiempo pasa nuestro hijo conectado, sino de preguntarnos qué lugar ocupa esa conexión en su vida emocional.

¿Está usando la IA para aprender y crear o para resolver aquello que le cuesta hablar con alguien?

¿La busca cuando está angustiado?

¿Le cuenta cosas que no comparte con nadie?

¿Está reemplazando vínculos reales por conversaciones digitales?

¿Se está aislando?

¿Le cuesta cada vez más tolerar el aburrimiento, la frustración o la espera?

Estas preguntas importan porque, detrás de una conducta que puede parecer inofensiva, puede haber un adolescente que está encontrando en la tecnología una manera de evitar, regular o silenciar un malestar que todavía no sabe cómo gestionar.
Por eso es importante no minimizar ni pasar por alto estos cambios.

No porque usar IA sea necesariamente un problema, sino porque cuando un adolescente empieza a recurrir sistemáticamente a una pantalla para gestionar lo que siente, puede estar mostrando que necesita algo más: un espacio de escucha, un vínculo seguro o herramientas para aprender a manejar aquello que le sucede.

¿Cuándo consultar?

No siempre consultar significa llevar al adolescente a terapia.

Muchas veces, como padres, podemos necesitar un espacio de orientación para ordenar lo que estamos viendo, comprender mejor qué está pasando y revisar cómo seguir acompañando.

Una consulta puede ayudarnos a pensar cómo poner límites, cómo conversar, cómo abordar el uso de las pantallas o cómo acercarnos cuando sentimos que nuestro hijo se aleja.

No hace falta esperar un diagnóstico ni una crisis. Podemos pedir orientación cuando sentimos que nuestras herramientas ya no alcanzan o cuando algo nos preocupa y no sabemos bien cómo abordarlo.

La orientación a padres también es una forma de cuidar.

Porque a veces, para ayudar a un adolescente, el primer paso no es que él venga a consulta. El primer paso puede ser que nosotros, como adultos, nos demos un espacio para repensar cómo acompañarlo.

Consultar no significa etiquetar. Significa abrir un espacio para comprender y encontrar nuevas maneras de estar disponibles.

En un mundo donde nuestros hijos pueden encontrar respuestas en segundos, quizás una de las cosas más valiosas que podemos ofrecerles sea algo mucho más simple: "No sé exactamente qué te pasa, pero estoy acá. Podemos buscarlo juntos". Porque ninguna inteligencia artificial puede reemplazar ese encuentro.


Si vos o alguien de tu familia está atravesando una situación que requiere acompañamiento psicológico u orientación, podés consultar en EPSI – Espacio Psicológico Integral.

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María Laura Ballini
Psicóloga – MP 20389


* Rojas Estapé, M. Recupera tu mente, reconquista tu vida. Espasa, 2024.