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HOY 18:48 ESTAMOS EN LA FINAL!
La plaza Eduardo Costa fue el epicentro del desahogo y la ilusión celeste y blanca
En una tarde cargada de nerviosismo y mística, miles de vecinos de Campana coparon el centro de la ciudad para celebrar la agónica clasificación a la final del Mundial tras vencer a Inglaterra por 2 a 1, transformando la tensión histórica en una fiesta comunal llena de fe.
  • La plaza Eduardo Costa fue el epicentro del desahogo y la ilusión celeste y blanca

    Perdón por la foto. Se nos metió una final en el ojo.

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    La alegría es total. Y las Malvinas son Argentinas

La tarde de este miércoles quince de julio de 2026 quedará grabada en la retina de todos los campanenses. Apenas el árbitro marcó el final del partido en Atlanta, una marea humana comenzó a movilizarse de manera espontánea hacia la plaza Eduardo Costa, el corazón de nuestra ciudad. Con camisetas, banderas y el infaltable canto popular, los vecinos transformaron las calles en una verdadera tribuna para festejar el pase a una nueva final del mundo. La victoria por 2 a 1 sobre Inglaterra no fue un triunfo más; llegó cargada con esa dosis extra de épica, nerviosismo y memoria colectiva que siempre rodea a este clásico tan particular para nuestra historia nacional.
El partido se vivió con el corazón en la boca en cada hogar y comercio de la ciudad. Inglaterra se había puesto en ventaja en el segundo tiempo con un gol de Anthony Gordon, sembrando un manto de preocupación y silencio tenso. Sin embargo, la Scaloneta demostró una vez más que está hecha de una madera especial. A falta de cinco minutos para el cierre, un zapatazo soberbio de Enzo Fernández devolvió el alma al cuerpo a los millones de argentinos que empujaban desde sus casas, y cuando ya se jugaba el descuento, apareció el eterno Lautaro Martínez para estampar un frentazo directo a la gloria. La tensión de las viejas rivalidades flotaba en el aire, pero se disipó de golpe, convirtiéndose en un grito unísono de alegría que unió a generaciones enteras de vecinos en un abrazo infinito.
A medida que caía la noche, la plaza se volvió cada vez más multitudinaria, reuniendo a familias enteras, grupos de amigos, jóvenes y abuelos que salieron a compartir una felicidad difícil de explicar con palabras. El festejo, lejos de apagarse, creció con el paso de las horas en un clima familiar, seguro y desbordante de esperanza. Este grupo de jugadores ha logrado lo impensado: mantener encendida la llama de la ilusión y llevarnos nuevamente a las puertas de la gloria máxima. El próximo domingo frente a España, el sueño del bicampeonato estará más vivo que nunca, y Campana ya demostró que tiene la fe intacta para acompañar a la selección nacional hasta el último minuto.