2010-01-24 | 9:00 Un campanense Nacional
El camino de Juan Mercier hacia la Selección
Repasamos la carrera del reciente convocado por Maradona. Desde sus años de talentoso delantero en las inferiores de Villa Dálmine al brillante presente como mediocampista de Argentinos. Una historia de esfuerzos, sacrificios y mucho ascenso.
La escena transcurre a mediados de la década de 1990. Quizás 1996, quizás 1997. Por entonces, un grupo de adolescentes de entre 16 y 17 años juega al fútbol en el “campito de Siderca” bajo un sol primaveral. Los chicos van y vienen y disputan un partido entretenido, en una cancha improvisada, con arcos hechos con remeras y mochilas.
 
En un momento dado, otro joven de la misma edad, flaco y alto, se acerca a uno de los arqueros.
 
- “¿Puedo jugar?”, le pregunta con confianza.
 
La respuesta es negativa.
 
- “Estamos justos, somos parejos, siete contra siete”, se justifica el improvisado guardameta.
 
- “Pero dale, ni se va a notar si un equipo tiene uno de más”, insiste el flaco.
 
- “¿Qué no se va a notar? ¡¡¡‘Pololo’, vos solo nos bailás a los 14 que estamos acá!!!”, dispara con una leve sonrisa el arquero.
 
El ‘Pololo’ maldice, refunfuña y se va, enojado: tenía ganas de jugar al fútbol. Aunque en ese momento no lo supiera, en el futuro, no le iban a faltar oportunidades de jugar.
 
¡Y qué oportunidades!
 
El ‘Pololo’ era Juan Ignacio Mercier. Un flaco morocho y alto que jugaba como nadie en las inferiores de Villa Dálmine (había empezado en Campana Juniors), donde se encargó de demostrar todo su talento como delantero en la categoría ’80. Pintaba para crack y su futuro parecía estar en los clubes más importantes del país.
 
Sin embargo, hacia finales de la década de 1990, desapareció, dejó el fútbol y se dedicó a la albañilería, junto a sus cuñados. “No tenía idea, pero necesitaba la plata. Hombreaba bolsas de 50 kilos”, recordó tiempo atrás.
 
Pero la pelota siempre le estaba dando vueltas. Como a “los que saben”. Y apareció Flandria, que estaba en la Primera ‘B’ Metropolitana. Al esfuerzo realizado como albañil se le sumaron los esfuerzos que debía realizar para llegar hasta Jáuregui.
 
Por entonces, había nacido su primera hija, Daiana, y él apenas cobraba el mínimo. Así, cuando tenía plata, se tomaba el Paraná o el Chevallier, pero cuando “faltaba el mango” se las arreglaba haciendo dedo para viajar esos 47 kilómetros.
 
Y esos esfuerzos, al parecer, también terminaron repercutiendo en sus funciones dentro de la cancha: dejó de ser un talentoso delantero para convertirse en un talentoso, pero también luchador, mediocampista.
 
Empezó en la 4ª División de Flandria, pero rápidamente se ganó un lugar en la Primera. A fines del año 2000 debutó oficialmente en un partido que el “Canario” jugó como visitante ante Temperley. Desde allí en adelante, Juan Mercier comenzaría un camino que lo depositaría ni más ni menos que en la Selección Argentina, luego de 307 partidos y 22 goles.
 
Es cierto, los esfuerzos siguieron. Nada fue fácil. ‘Pololo’ supo lo que es “estar cuatro meses sin cobrar y llegar a deber cuatro meses de alquiler”. ‘Detalles’ del durísimo Ascenso argentino. Pero todo valió la pena.
 
En 2002 dejó Flandria (un club chico dentro de la Primera B) y pasó al popular Deportivo Morón, un equipo con otras aspiraciones. Había avanzado. Dio otro paso más en 2004, cuando llegó a Tristán Suárez, una institución solventada por el poder político y económico de la familia Granados.
 
Durante esa temporada, aquel arquero que no le había permitido entrar a aquel partido que se desarrollaba en el “campito del Siderca” lo volvió a encontrar luego de un partido entre Tristán Suárez y San Telmo. No le recordó el episodio, pero cuando volvió a la redacción del diario deportivo donde trabajaba, lo calificó como correspondía: había sido la figura del partido.
 
En Tristán Suárez, Mercier completó una gran temporada (la 2004/05) y su nombre ya era mencionado en los clubes más importantes del Ascenso. Platense ganó la pulseada y con el Marrón de Vicente López, el ‘Pololo’ lograría el ascenso al Nacional ‘B’.
 
Había dado otro paso más.
 
La campaña 2006/07 la disputó en la segunda división de nuestro fútbol y, hasta el momento, esa es su última temporada en el Ascenso. Porque Ricardo Caruso Lombardi, que alguna vez intentó llevarlo a Tigre, lo llamó y lo sumó a Argentinos Juniors.
 
Allí, donde futbolísticamente surgió Diego Maradona, el campanense comenzó a hacerse conocido en la elite del fútbol argentino. Tras tres temporadas con los Bichitos colorados, el ‘Pololo’ conforma actualmente una de las mejores duplas de mediocampistas junto a Néstor Ortigoza.
 
Sus actuaciones lo pusieron, primero, en la mira de River (lo quiso Néstor Gorosito, quien fue fundamental para su consolidación en Argentinos) y, luego, fue Boca el que intentó contratarlo. Dos veces. En la primera “perdió” con su coterráneo Ariel Rosada. La segunda durante el último receso, cuando Alfio Basile buscaba un reemplazante para el lesionado Sebastián Battaglia. Sin embargo, su cotización (dos millones de pesos) resultó elevada para el Xeneize y, así, Mercier vio pasar una nueva oportunidad de sumarse a un “grande”.
 
Sin embargo, casi no tuvo tiempo para amargarse: su nombre apareció en la lista de posibles convocados para el partido que la Selección Argentina debe disputar el martes 26 ante Costa Rica. La expectativa creció y la espera se hizo larga, con altibajos emocionales. Porque en el primer listado su nombre no apareció. Y hubo que esperar al día siguiente, cuando debido a la baja de Mario Bolatti (transferido a la Fiorentina), la AFA sí confirmó la citación de Juan Ignacio Mercier a la Selección Nacional.
 
De esta manera, Mercier se apresta a vivir una semana que seguramente le será inolvidable. Porque entrenará junto a la Selección que conduce Diego Maradona y porque tendrá la oportunidad de vestir la Celeste y Blanca. Todo, en los días previos a cumplir los 30 años (el 2 de febrero). Como si fuera un regalo, aunque ‘Pololo’ sepa que nada de lo que le está sucediendo es un regalo, que todo se lo ganó con esfuerzo y sacrificio. A pesar del talento que siempre lo acompañó.

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